LA NAVIDAD, LA TRADICIÓN Y LAS REBAJAS

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Todos los años llega la Navidad, con sus luces, sus adornos, sus iconos… y sus polémicas. Todos los años se intenta contraponer el sentido religioso de estas fechas con el espíritu pretendidamente consumista que parece anega la sociedad. En realidad, tal contraposición es meramente artificial; la Navidad es y será siempre una celebración religiosa y como tal y especialmente por lo que se celebra en Navidad, la venida del Hijo de Dios al mundo, es una fiesta especialmente alegre y familiar, por encima de todo, familiar. Hay otras muchas celebraciones cristianas a lo largo del año tanto o más importantes, la Semana Santa, el Corpus Christi, La Asunción, la Inmaculada,… pero ninguna de ellas tiene la vocación de reunir a toda la familia en torno a una mesa que tiene la Nochebuena o el día de Navidad. Y esto es así en España por tradición, incluso en aquellas familias sin especiales sentimientos religiosos.

De este especial carácter de reunión familiar, en algunas ocasiones la única reunión familiar de todo el año, deriva la práctica social del regalo. Regalo que no tiene connotación religiosa alguna y es simplemente el detalle humano de demostrar el cariño hacia una persona llevándole un obsequio ¿Es esto malo? No lo parece, más bien es algo plenamente humano, y si queremos es algo que sale de lo mejor del ser humano, de su innata capacidad de sentir amor y demostrarlo. Nada malo hay en la práctica del regalo navideño, igual que nada malo hay en que los comerciantes engalanen sus establecimientos y calles con especiales y cada vez más brillantes decoraciones para atraer a los compradores de esos regalos. El comercio simplemente responde a una necesidad de sus clientes, y los comerciantes compiten entre sí por ofrecer los mejores productos, los mejores precios, o la más satisfactoria experiencia de compra, cada uno según su mejor saber y entender.

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